Siglo de Hierro
El final de un Imperio

La endogamia de los Austrias españoles.

España / Historia

La tragedia de los Austrias españoles: la dinastía que fue destruida por la endogamia

  • Algunos de sus miembros alcanzaron coeficientes de consanguineidad cercanos a los habituales en uniones entre dos hermanos o entre un padre y una hija.

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ABC.- Retrato de Carlos II «el Hechizado»
César Cervera / Madrid…..Día 03/03/2015 -04.56h
«Hagan otros la guerra; tú feliz Austria, cásate; porque los reinos de Marte da a los otros, a ti te los concede Venus», rezaba la traducción de unos versos latinos del siglo XVI. La dinastía Habsburgo llevó a su máxima expresión la habitual práctica entre reyes de casarse con parientes con fines políticos. Las consecuencias médicas de esta política, que también las tuvo militares al trazar una inverosímil red de alianzas, fue el deterioro de la salud y fertilidad de los miembros de la familia, hasta el punto de que Carlos II, con un coeficiente de consanguinidad del 0,254 (la misma cifra presente en los matrimonios entre padres e hijas o entre hermanos), fue incapaz de dar un heredero a la rama española de esta casa real que gobernó casi dos siglos en nuestro país. Su herencia genética concentraba los genes recesivos de cuatro generaciones de escarceos con el incesto.

Carlos II «el Hechizado», el triste final

A estas alturas, la decisión de casarse entre parientes obedecía al interés por mantener unidas las dos ramas de la familia, la española y la centroeuropea, que, separados por la distancia y los distintos contextos políticos, mantenían pocos lazos más allá de la sangre. Con esta finalidad lo hizo Felipe IV cuando se casó en segundas nupcias con su prima Mariana de Austria. Finalmente, el único hijo varón que sobrevivió a Felipe IV, Carlos II «el Hechizado», era la consecuencia de cuatro generaciones de escarceos de la Casa Habsburgo con la endogamia.

Con una cifra récord de 0,254 en su coeficiente, Carlos II era portador de numerosos genes recesivos, entre ellos el síndrome de Klinefelter, que provocaron su incapacidad para dar un heredero al reino y para gobernar. «Su cuerpo es tan débil como su mente. De vez en cuando da señales de inteligencia, de memoria y de cierta vivacidad, pero no ahora; por lo común tiene un aspecto lento e indiferente, torpe e indolente, pareciendo estupefacto. Se puede hacer con él lo que se desee, pues carece de voluntad propia», con estas palabras describía el embajador del Papa en Madrid a Carlos II «el Hechizado» a los 20 años, una muestra de lo fácil que podía resultar para sus más cercanos manipular al Monarca. Su muerte sin dejar heredero y su decisión de entregar la corona al futuro Felipe V, el primer Borbón, marcan el final de la dinastía de los Austrias como Reyes de España.

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