Siglo de Hierro
El final de un Imperio

Segunda coalición contra Luis XIV

Segunda coalición contra Luis XIV
Una nueva coalición se hizo entre España, el emperador, las Provincias Unidas, Inglaterra y el duque de Saboya. Luis XIV tuvo en contra a toda Europa.

Los ejércitos franceses ocuparon sin resistencia todos los territorios de la orilla izquierda del Rin. A Louvois le parecieron demasiado vastos para poner guarnición en todas las plazas fuertes, y decidió hacer del Palatinado un desierto en donde el enemigo no encontrara medios de vida. Ordenó a los habitantes salir de sus casas y mandó quemar todas las ciudades y las aldeas. El castillo del Elector Palatino, en Heidelberg, fué incendiado entonces y ha quedado en ruinas (1688-1689). El Incendio del Palatinado inspiró a los alemanes un odio contra los franceses que ha perdurado hasta el siglo XIX.

Los coaligados recuperaron pronto casi todos los países alemanes. Pero fueron detenidos porque necesitaron hacer la guerra en otra parte. —Jacobo II, con un cuerpo de ejército francés, desembarcó en Irlanda. Los irlandeses católicos le proclamaron rey (1689) y durante dos años los ingleses estuvieron ocupados en la guerra de Irlanda.— El sultán reanudó la guerra en el Danubio, lo cual retuvo casi todas las fuerzas del emperador en Hungría.

Luis XIV, libre de Inglaterra y del emperador, se aprovechó en un principio para tomar la ofensiva. Por espacio de tres años ocupó poco a poco los territorios contiguos a Francia. Un ejército conquistó casi todos los estados del duque de Saboya.—Otro tomó una tras otra las plazas de la Bélgica francesa. Ambos lograron varios triunfos que hicieron mucho ruido en su tiempo: en los Países Bajos, Fleurus (1690), Steinkerque (1692), Neerwinden (1693); —en el Piamonte, Staffarde (1690) y La Marsaille (1693).

Luis XIV guerreaba por seis lados a la vez, y reunió más de 200.000 hombres. Jamás Francia había tenido tantos soldados al mismo tiempo sobre las armas. Como ya no se encontraban bastantes voluntarios, Louvois creó las milicias provinciales. Se formaron con jóvenes alistados a la fuerza. Se sorteaba a los que habían de partir, los de la clase media estaban exentos. Los milicianos no debían emplearse sino en guarniciones en las plazas fuertes, a fin de dejar a los soldados disponibles para salir a campaña. Pero cuando ya no hubo soldados suficientes, se hizo ir a la guerra a los milicianos.

Una flota francesa se reunió para preparar un desembarco de Jacobo II en Inglaterra. Atacó a la flota inglesa y holandesa, que tenía más de doble fuerza. Jacobo contaba con los almirantes ingleses descontentos de Guillermo, pues en secreto se entendía con ellos. Después de diez horas de lucha, la flota francesa se retiró. No había perdido ningún barco; pero no sabía dónde ponerse a resguardo, porque aún no existía puerto de guerra en Cherburgo. La mayor parte logró escapar por un paso difícil a lo largo del Contentin, pero 13 barcos fueron lanzados a la rada de la Hougue e incendiados por los ingleses (1692). La marina de guerra francesa no se halló ya en disposición de luchar con la marina inglesa.

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