Siglo de Hierro
El final de un Imperio

la Marquesa de Soisson, célebre envenenadora de la Corte de Luis XIV

Cuando murió la Reina el 12 de febrero de 1689 a consecuencia de una apendicitis aguda con reacción peritoneal y no de envenenamiento ni a consecuencia de un golpe en el vientre que se dió montando a caballo, el Rey quedó destrozado pues en verdad que la amaba mucho, pero como la vanidad del hombre es grande, Carlos II acogió con alegría la proposición que a los diez días del óbito real le hizo el Consejo de Estado para que se volviera a casar. Eligieron a Mariana de Neoburgo, una princesa cuyo único mérito era el que sus padres, los Electores de Sajonia habían tenido 23 hijos. Las nupcias se celebraron en Valladolid el 4 de mayo de 1690 pero a pesar de su valioso antecedente genésico, no hubo manera que llegase la suspirada descendencia y eso que ayudada por un trío poco recomendable, la Baronesa de Berlips, que el pueblo llamaba “La Perdiz”, Enrique Wise, “El Cojo” y el Dr. Galeen, varias veces simuló estar embarazada. Por otra parte le dió por intervenir en política y de modo muy directo en la posible sucesión del Monarca sobre todo después de la muerte de su suegra doña Mariana a consecuencia de un terrible “zaratán”, o sea, cáncer de seno en 1696. También intervino en los tristísimos y truculentos episodios del hechizamiento del Rey, vergüenza de la Iglesia, de la Medicina y de la Sociedad.

El mismo don Carlos, ya en tiempos de la Reina María Luisa, sospechaba que la Marquesa de Soisson, célebre envenenadora de la Corte de Luis XIV le había privado con sus hechizos de la facultad de engendrar y cuando ya en plena decadencia física, en 1698 el propio Rey pidió al Inquisidor General, Cardenal Rocaberti que investigara su posible encantamiento, aprovechó el Confesor Real Padre Froilan Diaz para organizar aquel increible proceso. Sabía que en Caldas de Tineo había un Convento que acogía varias monjas posesas y que el capellán, Fray Antonio Alvarez Arguelles, tenía poderes para pedir al Diablo que le revelara cómo, porqué y por quién el Rey estaba hechizado. ¡Cómo es posible que se creyeran aquellas patrañas que según el fraile aseguró, el mismo Demonio había pronunciado jurando ante el Santísimo Sacramento¡. Satanás dijo “que el hechizo se lo habían dado en una taza de chocolate el 3 de abril de 1675 en la que habían disuelto sesos de un ajusticiado para quitarle el gobierno; entrañas para quitarle la salud y riñones para corromperle el semen e impedir la generación y que la causante fue la reina Viuda doña Mariana para seguir gobernando”. Al pobre Rey le dieron una serie de asquerosas pócimas que empeoraron su delicada salud y viendo tan mal su estado, doña Mariana de Neoburgo preguntó al Consejo de la Inqusición si aquellos métodos eran adecuados. En respuesta, el Padre Froilán fue procesado.
Mas no se terminó con ésto el problema pues desde Viena y enviado por Leopoldo I, llegó a Madrid otro visionario, el capuchino Fray Mauro Tenda que interrogó terroríficamente al pobre Monarca concluyendo que no estaba endemoniado pero sí hechizado y propuso un plan muy de tipo psicológico, concluyendo finalmente que “si la receta falla y el dolor persiste, será señal de que la dolencia tiene causas naturales y ha de ser curada por los médicos”.

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