Siglo de Hierro
El final de un Imperio

La sociedad españo la y la Inquisición (1516-1700)

La sociedad españo la y la Inquisición (1516-1700)
 

Un auto de fe, pintado por Francisco Ricci, 1683

 

La Inquisición española fue formalmente fundada durante el reinado de los Reyes Católicos, continuada por sus sucesores Habsburgos, y no terminó hasta el siglo XIX. Bajo Carlos I la inquisición se convirtió en un ministerio formal del gobierno español que adquirió un control propio a medida que avanzaba el siglo XVI. Carlos también aprobó los Estatutos de limpieza de sangre, una ley que impedía el acceso a muchas instituciones y cargos públicos a los que no eran cristianos viejos puros, sin sangre judía. Aunque la tortura era común en Europa, la manera cómo se practicaba en la Inquisición fomentó la corrupción y delación, y se convirtió en un factor coadyuvante de la decadencia española. Se convirtió en un método para enemigos, amigos celosos e incluso relaciones reñidas para usurpar influencia y propiedades. Una acusación, incluso si era en gran parte infundada, llevaba a un largo y angustioso proceso que podía durar años antes de llegar a un veredicto, y entre tanto la reputación y estima del acusado eran destruidas. El tristemente célebre auto de fe era un espectáculo social, en que se humillaba públicamente a los penitentes (el espectáculo dantesco de quema de los "relajados" en la hoguera se realizaba en "braseros", lugares apartados).

Si Carlos continuó la práctica de la Inquisición, Felipe II la expandió, e hizo de la ortodoxia religiosa un objetivo de la política pública. En 1559, tres años después de que Felipe llegara al poder, se prohibió a los estudiantes de España viajar al extranjero, los líderes de la Inquisición fueron puestos a cargo de la censura, y se impidió la importación de libros. Felipe intentó con vigor eliminar el protestantismo en España, participando en innumerables campañas para eliminar la literatura luterana y calvinista del país, esperando evitar el caos que ocurría en Francia.

La iglesia en España había sido purgada de muchos de sus excesos administrativos en el siglo XV por el Cardenal Cisneros, y la Inquisición sirvió para expurgar a muchos de los reformadores más radicales que intentaban cambiar la teología de la iglesia a como los reformadores protestantes querían. En cambio, España, recién salida de la Reconquista, se convirtió en la impulsora de la Contrarreforma. Se desarrollaron en España dos hilos únicos de pensamiento contrarreformista en las personas de la abulense Santa Teresa de Jesús y el vasco Ignacio de Loyola. Teresa defendía el monasticismo estricto y un restablecimiento de tradiciones más antiguas de penitencia. Experimentó un éxtasis místico que resultó profundamente influyente en la cultura y arte español. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, tuvo una influencia mundial en su énfasis en la excelencia espiritual y mental y contribuyó a un resurgimiento del conocimiento en Europa. En 1625, en un momento cumbre de prestigio y poder español, el Conde-Duque de Olivares estableció el Colegio Imperial jesuita en Madrid para preparar a los nobles españoles en las humanidades y las artes militares.

La expulsión de los Moriscos de Valencia

Los moriscos del sur de España habían sido convertidos a la fuerza al cristianismo en 1502, pero bajo el gobierno de Carlos I pudieron obtener un grado de tolerancia de sus gobernantes cristianos. Se les permitió practicar sus costumbres anteriores, indumentaria e idioma; y las leyes religiosas fueron laxamente impuestas. No obstante, en 1568, bajo Felipe II los moriscos se rebelaron (véase Rebelión de las Alpujarras) después de que se impusieran de nuevo las antiguas leyes. La revuelta sólo pudo ser sofocada por tropas italianas bajo Don Juan de Austria, e incluso entonces los moriscos se retiraron a las zonas montañosas y no fueron derrotados hasta 1570. A la revuelta le siguió por un enorme programa de reasentamiento en donde 12.000 campesinos cristianos reemplazaron los moriscos. En 1609, aconsejado por el Duque de Lerma, Felipe III expulsó a los 300.000 moriscos de España.

La Ilustración criticó principalmente a los españoles por su excesivo celo religioso y su "pereza". Entre los miembros de la aristocracia, que gozaban de más seguridad en sus posiciones de poder (a diferencia de sus colegas en Francia e Inglaterra que eran cada vez más competitivos) podía aplicarse el argumento de la "pereza española". La expulsión de los trabajadores moriscos y judíos ciertamente hizo poco para ayudar a la economía y sociedad española que dependía de su trabajo y habilidad mucho más de lo que los cristianos creían.

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