Siglo de Hierro
El final de un Imperio

Juan Carreño de Miranda (1614-1685)

 

Cita

Juan Carreño de Miranda (1614-1685)

Carreño de Miranda, Juan
Nacionalidad: España
Avilés (1614) – Madrid (1685)

Carreño es uno de los mayores retratistas de la Corte española durante el "reinado pictórico" de Velázquez, de quien era buen amigo.

Nacido en el seno de una familia noble, aplicó a sus lienzos el estilo aristocrático de su forma de vida, captando con elegancia y psicología a los personajes de la Familia Real y de la Corte madrileña.

Su forma de pintar se vio influida, aunque ligeramente, por Velázquez y por Rubens.

Su obra es mayoritariamente retratística a partir de 1669, año en el que se le nombra pintor del rey. Pero también dejó unos frescos religiosos en la catedral de Toledo, que hablan el idioma del Barroco pleno.

Carreño legó una impresionante colección de retratos, que se hallan casi en su mayoría en el Museo del Prado. Recogió el tipo de retrato oficial, elaborado desde Antonio Moro en el siglo XVI, y que había ido evolucionando hasta el XVII. Es un tipo de retrato solemne, muy austero, en tonos pardos y con fondo neutro, sin detalles ni recreación sobre adornos, joyas, fondos de paisaje o demás, y sin apenas alusiones visibles a la dignidad del retratado, que impone su status con su pose y su presencia digna.

Carreño y Velázquez heredan directamente su estilo de una Escuela de retratistas muy importante, en la cual participaron Sánchez Coello y Sofonisba Anguissola.

Carreño, Carlos II con 25 años

Cuando Carreño realizó este soberbio retrato de Carlos II el monarca contaba con unos 25 años. Era el último hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, siendo siempre una persona enfermiza y de aspecto triste. Fue criado por 31 nodrizas durante casi cuatro años, sin caminar hasta los 10 lo que motivaría que el pueblo cantase esta coplilla: "El Príncipe, al parecer, / por lo endeble y patiblando, / es hijo de contrabando, / pues no se puede tener …". A pesar de sus achaques físicos, tenía una inteligencia desarrollada y una gran afición por el arte, produciéndose en su reinado un importante desarrollo económico, especialmente tras la devaluación monetaria del duque de Medinaceli. Sus últimos años estuvieron marcados por la sucesión, llegándose a exorcizar al monarca lo que motivaría su apodo de "El Hechizado". El pintor nos presenta a don Carlos de medio cuerpo, vistiendo ropajes negros, con la golilla blanca y el collar de la orden del Toisón como únicos adornos. Una espada y un cinturón plateados completan los accesorios. Pero el centro de atención del retrato es el rostro, donde destaca la expresión melancólica del rey, manifestando el artista incluso cierto cariño hacia el retratado. El estilo rápido y vaporoso recuerda a Velázquez, resultando una obra de gran belleza y expresividad.

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