Siglo de Hierro
El final de un Imperio

Validos en época de Carlos II -1665-1700-

Validos en época de Carlos II -1665-1700-

Un estudio del coordinador sobre privados, validos y primeros ministros, en el que denomina

privado a "aquella persona que tiene acceso al Monarca y disfruta de la amistad y confianza, y que como consecuencia de ello controla determinados resortes del gobierno y del poder".

De aquí deduce que podía haber uno o varios privados; en cambio, la calificación de

valido solía hacer referencia al "exclusivismo de esa amistad y confianza, y por ende al exclusivismo también en el poder y el mando".

De modo que, cuando hubiera un privado, era tenido por valido; pero podía darse el hipotético caso de que un Monarca tuviera simultáneamente varios privados, pero no varios validos.

De hecho, se dice que Felipe II tuvo varios privados, pero no que tuviera valido. Por eso llamó la atención que al reinar Felipe III (1598 – 1621) tuviera un único amigo y hombre de confianza. Han sido numerosos autores los que han defendido que el Rey tuviera amigos o privados, pero menos los que defendían al privado único, favorito real o valido.

Los validos gozaban de dos notas características:

el encumbramiento a través de la amistad con el Rey

y el haber logrado mediante ello una intervención directa en las tareas de gobierno.

Escudero entiende que todos los validos tenían la misma consideración: mandaban en tanto en cuanto el Rey lo quería y confiaba en ellos, sin que importase el puesto institucional que desempeñaran: Condestable, Ministro, Consejero, Caballerizo, Sumiller, etc.

Los validos fueron ocasionalmente y desde el principio calificados como Ministros, debiendo ser entendido ese calificativo como genérico. En 1824 se autorizó al Secretario o Ministro de Estado a hacer uso del título de Presidente del Consejo de Ministros, y a partir del Estatuto Real de 1834, la presidencia del Consejo llegó a recaer en Ministros que no eran de Estado. Un sexenio más tarde, el general Espartero accedió al puesto y desde entonces el primer ministro o Presidente del Consejo de Ministros era una figura orgánica distinta, autónoma e independiente, que representaba al partido político que había alcanzado el poder y a quien correspondía, tras ser nombrado por el Monarca, la propuesta de designación del gabinete ministerial.

Juan Everardo Nithard (1607 – 1681)

valido extranjero de la época, que le marcaría toda su trayectoria en la vida pública española. Desde que Nithard llegó a la Corte de Felipe IV hasta la muerte del mismo en 1665, desempeñó la función de confesor de la Reina. Tras este acontecimiento se acrecentó la influencia de Nithard en la vida política, pasando de confesor a valido, no por pretensión personal de ningún tipo sino tan sólo por intentar ayudar a la Reina a resolver los problemas de gobierno ante los que no tenía experiencia ni capacidad para decidir. El nombramiento de Nithard como Consejero de Estado en 1666 no fue bien aceptado entre las personas que esperaban dicho nombramiento. Asimismo, el pueblo rechazaba la condición de extranjero de este personaje. Ese mismo año fue nombrado Inquisidor General, teniendo ya la condición de español por naturalización, para que tuviera participación en las altas esferas del gobierno y formara parte de la Junta de Gobierno. Nithard concluyó su papel como valido y su estancia en España en 1669, fecha en que dejó España y partió con dirección a Roma. Juan de Austria, el hijo bastardo de Felipe IV, en todo momento intentó expulsarle de España e incluso llegó a planear su muerte, ya que no colaboraba en sus pretensiones de hacerse con los más altos cargos y preeminencias.

último valido o primer ministro, como fue Fernando de Valenzuela (1636 – 1692)

Este valido estuvo presente en la Corte durante los últimos años del reinado de Felipe IV y más tarde se ganó la confianza de Mariana de Austria y de Carlos II (1665 – 1700). Este personaje fue nombrado primer ministro, cargo que ocupó sólo tres meses, si bien se desconoce el título correspondiente a este cargo. En 1677 fue condenado a la pena de destierro a ultramar en las Islas Filipinas, si bien a los diez años se declaró su libertad y ordenó que fuese trasladado a México. En el siglo XVII, el valido acaparó el despacho a boca, mientras el despacho escrito, para preparar las consultas llegadas de los Consejos y resumir las peticiones y memoriales, quedaba en manos del Secretario del Despacho universal. Valenzuela no pertenecía, asimismo, a una familia de alta alcurnia, de ahí que la nobleza uniera sus esfuerzos hasta conseguir que fuera desterrado. A partir de 1673 la reina madre le concedió diversas dignidades en muy breve espacio de tiempo, provocando un vertiginoso ascenso de poder e influencia en la vida social y política. En 1676 el Monarca lo nombró Capitán General del reino de Granada, en sustitución del conde de Santiesteban que había sido nombrado Virrey de Cerdeña. Un año más tarde, el 22 de enero, fue detenido y llevado a prisión, y días más tarde se anularon todas las mercedes concedidas hasta el momento, aunque como señala Fernández Giménez, "deja una serie de incógnitas a propósito de la anulación específica del nombramiento de primer ministro", y señala que "es de suponer así que, si existió un nombramiento formal de primer ministro, se diera también un Decreto formal de cese" (pp. 384 – 385).

Hijo bastardo, reconocido como tal, de Felipe IV, Juan José de Austria y Aragón (1629 – 1679)

que está considerado por algunos como el último de los validos de la monarquía española y para otros lo que con el paso del tiempo sería la figura del primer ministro, aunque los perfiles aparecieran poco nítidos. A pesar de que Felipe IV le ofreció en 1648 el virreinato de Nápoles a Juan José de Austria, sin embargo éste no aceptó, como había ocurrido en otras ocasiones, este nombramiento. Ruiz Rodríguez considera que la causa era la de sus orígenes, además de un resentimiento personal. Aunque no renunció al cargo ofrecido en Sicilia en ese mismo año (p. 418). Asimismo ocupó el virreinato en Cataluña entre 1653 y 1656, teniendo que enfrentarse a las difíciles relaciones con Madrid. En 1656 fue nombrado Gobernador General de los Países Bajos, coincidiendo con los años finales de la guerra hispano – francesa. A la muerte de su padre en 1665 se le abrió el camino para poder erigirse en uno de los personajes más importantes del último de los períodos del reinado de los Austrias menores, y comenzó una dura oposición a los validos Nithard y Valenzuela, hasta que consiguió la caída de ambos. Una ampliación sobre esta figura ha sido realizada por Mª Teresa Manescau Martín (pp. 447 – 545), profesora que fue de la Universidad de La Laguna. Felipe IV, en su testamento, no dejó tarea política alguna para su hijo natural, Juan José de Austria, aun cuando era uno de los miembros más renombrados de la monarquía española debido a sus éxitos en Italia y Cataluña. En el testamento se establecían las instrucciones para el gobierno de la monarquía y la creación de una Junta de Gobierno que asesorará a la regente durante los años que tuviera que gobernar hasta la mayoría de edad del futuro Rey Carlos II. En 1669 se nombró a Juan Alteza, virrey de Aragón y vicario general de los reinos de la Corona de Aragón, de forma que se le confería el título de representante del Rey para todo el territorio de esa Corona, lo que le convertía en el superior de los virreyes de Cerdeña, Mallorca, Valencia, Aragón y Cataluña. En 1674, Juan José fue el promotor de una Junta de Comercio encargada de fomentar y fortalecer el comercio y la industria del Reino, que a partir de ese momento propiciaría el florecimiento económico. Manescau Martín, al estudiar la personalidad de Juan José de Austria, ha llegado a señalar que "don Juan se había impuesto a través de lo que se ha llamado el primer golpe de Estado de la Historia Moderna de España y para ello había contado con el apoyo de las masas populares y parte de la aristocracia", y que "ejerció su ministerio no como un valido sino como un otro yo regio" (p. 509).

Sobre Juan Francisco Tomás Lorenzo de la Cerda Enríquez Afán de Ribera Portocarrero y Cárdenas, VIII Duque de Medinaceli (1637 – 1691) y primer ministro de Carlos II

El duque de Medinaceli prestó importantes servicios al Monarca como el de sumiller de corps, caballerizo mayor de Carlos II, gentilhombre de cámara, presidente del Consejo de Indias, consejero de Estado, de Guerra, y capitán general del mar océano, del ejército y costas de Andalucía. Pero su cargo más relevante fue el de primer ministro de Carlos II, nombrado en virtud de Real Decreto de 21 de febrero de 1680 y desempeñado a lo largo de cinco años (pp. 549 – 550). Fue la primera vez que un noble de alto linaje recibió el mandato expreso del Rey para que se encargara del gobierno de la monarquía. De esta manera, se oficializó su posición de poder al recibir el título de primer ministro (pp. 558 – 560). El 9 de enero de 1685 el Rey ordenó su salida de la Corte, lo que era tanto como desterrarle.

Otro de los validos fue Manuel Joaquín Álvarez de Toledo y Portugal (1650 – 1707), noveno conde de Oropesa

Bajo Carlos II el valido siempre ostentó el cargo de presidente de Castilla. Esto significaba, según señala Rodríguez Besné, que "el cargo de primer ministro estaba asociado con un cargo previo" (p. 575). Ocupó los cargos de gentilhombre de su Majestad, consejero de Estado, presidente del Consejo de Castilla y de Italia y primer ministro de Carlos II. Carlos II revocó el Decreto de su nombramiento el 2 de octubre de 1700.

La cuestión de la Junta de Gobierno de la minoridad del Rey Carlos II

La citada Junta de Gobierno, cuya actuación se desarrolló entre 1665 y 1667, fue establecida testamentariamente el 14 de septiembre de 1665 por el mismo Felipe IV para el príncipe Carlos, su único hijo supérstite, que quedó instituido como único heredero del Rey en la cláusula 10 a la edad de cuatro años. En la cláusula 57 el testador se limitó a manifestar la existencia de su hijo Juan José de Austria, aunque no le instituyera heredero ni se le legasen bienes ni derechos de ningún tipo. Finalmente, se instituyó por el testador la Junta de Testamentarios o albaceas en la cláusula 67, que tenía como misión velar por el cumplimiento de las últimas voluntades del causante (p. 600). Las competencias de la Junta de Gobierno se limitaban al puntual y diario asesoramiento de la Reina, sin su presencia. La Reina – gobernadora debía aceptar el parecer de la Junta, cuestión que realmente encerraba una gran complejidad.

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