Siglo de Hierro
El final de un Imperio

Juan José de Austria (1629-1679)

Hijo natural de Felipe IV y de la actriz de teatro María Calderón, la Calderona, que semanas más tarde se retiraría a un convento.
 
N. en Madrid el 7 abr. 1629, y fue bautizado como «hijo de la tierra», esto es, de padres desconocidos. Se crió en León y fue luego llevado a Ocaña, donde comenzó su educación. El rey, a distancia, procuró que tuviera buenos ayos y maestros: así, un jesuita gran matemático, un inquisidor teólogo y humanista, un consejero de Hacienda y un diplomático. Ello influiría, más que en la preparación, en algunas de las aficiones de J. J.
      Educado en principio para la Iglesia, todo cambió cuando en 1641 el conde-duque de Olivares (v.), en vista de la falta de sucesión masculina, de que entonces adolecía la corona, aconsejó a Felipe IV que reconociese a su hijo, lo que se verificó en 1642.
 
J. J., entonces de 13 años, fue armado caballero, se le puso casa y se le asignó una renta de 100.000 escudos anuales. El brusco salto del anonimato a la celebridad parece que hizo al avispado muchacho un poco fatuo. Pronto empezaría su papel como presunto salvador de una monarquía en trance de derrumbamiento.
 
En 1647 se le hizo príncipe de la Mar -reminiscencia de otro bastardo famoso del siglo anterior, D. Juan de Austria-, y se le dio el mando de la flota que pacificó el reino de Nápoles. En 1651 se le encargó el cerco de Barcelona, operación que concluyó con éxito en 1652, aunando el esfuerzo militar y el diplomático.
 
J. J. supo ganarse a los catalanes (rebeldes a la monarquía desde 1640) con su leal reconocimiento de los fueros y peculiaridades regionales, hasta el punto de que siempre encontraría en el Principado sus mejores amigos.
      Al frente de los tercios de Flandes obtuvo en 1656 la increíble victoria de Valenciennes, que destrozó al ejército francés. Los políticos españoles no supieron sacar ventaja de aquel triunfo, y las campañas siguientes fueron menos afortunadas. Tampoco acompañó la fortuna al bastardo en Portugal, donde tras algunos éxitos iniciales fue derrotado en Ameixial (1664). Disgustado por las pocas fuerzas que se le concedían, dimitió el mando militar.
      Con la muerte de Felipe IV el 17 sept. 1665, comienza la carrera política de J. J. Enemigo de la regente Mariana de Austria, y de su valido el P. Nithard, dirigió varias conspiraciones contra ellos; triunfante en 1669, obligó al exilio del valido, y a la aceptación por Mariana de un programa de reformas administrativas y económicas. El bastardo prefirió entonces no asumir el poder, para no tener que compartirlo con su aborrecida madrastra.
      En enero de 1677, ya en el trono Carlos II (v.), dirigió desde Cataluña y Aragón una segunda marcha sobre Madrid, que derribó al valido Valenzuela y le colocó definitivamente en el poder. J. J., convertido en el «salvador del país», quiso iniciar un amplísimo programa de reformas. Tradicionalista en la concepción de España como una diversidad de reinos, es en cambio innovador en sus aspectos social y económico. Su idea de hacer pagar impuestos a todos los españoles, proporcionalmente a su capacidad, se estrelló contra las protestas de las clases privilegiadas. Los infinitos memoriales que se redactaron sobre los males del país y su posible remedio tuvieron muy poca eficacia, aunque a veces cuajaron en decisiones útiles, como la creación en 1679 de la junta de Comercio. La administración se hizo más honrada, y se suprimió la venta de cargos. Sin embargo, la inercia de la decadencia española era un lastre demasiado pesado, y la situación no mejoró lo que se esperaba. Una mala cosecha hizo subir los precios en el verano de 1678, y de aquí arrancan las desilusiones y la pérdida de popularidad del nuevo valido. Es posible que la muerte, el 17 sept. 1679, le librara de un fracaso definitivo.
      Simpático,    valeroso,    imaginativo,    J. J. de A.    tuvo    la virtud de hacerse popular. Ya en el poder, supo ejercer el mando sin eclipsar el nombre de su hermanastro el rey. Su suspicacia y un complejo acerca de su origen que nunca le abandonó son tal vez sus principales defectos. Su obra militar fue brillante, pero efímera; su obra política no desborda la mediocridad, pero consagra un regeneracionismo que heredará luego el conde de Oropesa, y empalmará en cierto modo con la política de los Borbones en el siglo siguiente.
 

ALCAZAR DE SAN JUAN. (Ciudad real).- Desde 1665 hasta 1670, estuvo desterrado en el palacio de la Orden de San Juan, por razones políticas, el príncipe Don Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV con la actriz María ¿La Calderona¿.
Don Juan José de Austria, el hijo de Felipe IV y Gran Prior de la Orden de San Juan

Don Juan de Austria es nombrado regente de los Países Bajos.

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