Siglo de Hierro
El final de un Imperio

La recuperación de Francia en el s. XVII

La recuperación de Francia en el s. XVII.
 
La regencia de María de Médicis sobre su hijo Luis XIII (v.), 1610-43, señala un cambio de política exterior; se vuelve a la amistad con España, una de cuyas infantas casa con el rey. En el orden interno, el autoritarismo de Concini, favorito de la regente, une a la gran nobleza en busca de privilegios, mientras que los hugonotes reorganizan sus fuerzas. Los Estados Generales de 1614 no solucionaron nada, pero elevaron a la escena política al obispo de LuQon, Richelieu (v.), que pronto entró en la órbita de la regente y que como ella tendría que salir de París cuando el rey se hizo cargo del poder, en 1618. En medio de la inquietud interior, Richelieu consiguió un acercamiento entre el rey y su madre, y el cardenalato por premio; en 1624 entró en el Consejo Real y pronto se puso al frente de él.
      «Mi primer objetivo fue la majestad del rey; el segundo, la grandeza del reino». Para ello siguió una política interior fuerte: activación de la economía pero centralización rígida, contención de la nobleza y recuperación de las plazas de seguridad otorgadas a los hugonotes. Inglaterra les ayudaba, pero no pudo evitar el sitio de La Rochela y su captura en 1628. Por el Edicto de gracia los hugonotes ceden las plazas, pero consiguen plena seguridad espiritual. La política exterior de Richelieu se desarrolla a través de la guerra de los Treinta Años (v.). F. no interviene de momento, pero prepara las condiciones favorables para una posible intervención. Con subsidios franceses, Dinamarca y Suecia entran en la guerra, pero sus derrotas hacen necesaria la entrada directa de F. en conflicto contra los Austrias y sus aliados católicos (1635). La lucha se mantiene indecisa hasta 1640, en que comienza la disgregación de la monarquía española; Cataluña y Portugal se levantan contra Madrid y obtienen apoyo francés. En 1641 Luis XIII es nombrado conde de Barcelona, y un ejército francés se apodera del Rosellón y llega hasta Tarragona. Mas ni Richelieu ni Luis XIII asisten al triunfo final, y la desaparición de ambos abrirá una brecha en la unidad de los franceses.
      Bajo la regencia de Ana de Austria comienza el reinado de su hijo Luis XIV (v.), 1643-1715, aunque el centralismo y absolutismo fue mantenido por el nuevo presidente del Consejo, card. Mazarino (v.). Se continúa la guerra contra los Austrias, ya con evidente signo positivo francés. En Alemania pronto comienzan las conversaciones de paz, mientras que la victoria de Rocroi sobre los tercios españoles (1643) señala el final de la supremacía de la infantería española, confirmado poco después por la batalla de Lens (1648). Ese mismo año se firma la paz de Westfalia (v.) con el Imperio, por la que F. se confirma la posesión de Metz, Toul y Verdún, y de Alsacia; era el inicio de la marcha hacia el Rin como frontera natural. F. y España no acuerdan nada, porque Felipe IV no renuncia a la restitución de los territorios conquistados por los franceses; la lucha continúa. Los conflictos interiores imposibilitarán a F. decidir rápidamente la contienda. Existía un malestar casi general por la política absolutista de la monarquía y las continuas guerras, mientras que las finanzas estaban en mala situación y los impuestos aumentaban. Los magistrados del Parlamento de París pedían las libertades tradicionales del reino y el control de los impuestos; los nobles soñaban en restablecer sus privilegios perdidos. La incompatibilidad de ambas solicitudes salvará la corona.
      La lucha contra la monarquía autoritaria, la Fronda (v.), se divide en dos periodos: el Parlamentario (1648-49) y el de los Príncipes (1650-53). A las peticiones de los parlamentarios, Mazarino opuso el ejército del príncipe de Condé, vencedor en Lens, que puso sitio a París; pero se llegó a una concordia en Rueil (marzo 1649), cediendo la regente a varias peticiones. El mayor peligro surgió cuando Condé cambió de bando y se opuso a Mazarino; al ser aquél arrestado, la nobleza tomó las armas y al ponerse de acuerdo con los parlamentarios, consiguieron ambos el destierro del cardenal en febrero de 1651. La unión fue efímera y Mazarino volvió, mas Condé y los frondistas, junto con algunos destacamentos españoles, se adueñaron de París, y Mazarino marchó de nuevo al destierro, en agosto de 1652; la burguesía parisina se molestó con Condé y entonces recibieron triunfalmente a la regente y su hijo (octubre 1652), y poco después a Mazarino. La Fronda había acabado. El Parlamento renunciaba a sus pretensiones, y los nobles fueron sometidos. El país había quedado devastado y tenía que hacer frente a una guerra, la inacabada contra España. Los éxitos y fracasos se suceden en tanto que ambos contendientes intentan atraerse a la Inglaterra de Cromwell (v.); con su apoyo naval se consigue la victoria francesa en Las Dunas, en junio de 1658, y España tiene que pedir condiciones de, paz. El tratado de los Pirineos (v.), en noviembre de 1659, proporciona a F. el Rosellón, gran parte de la Cerdaña, el Artois y varias plazas en la frontera de los Países Bajos españoles; el matrimonio de Luis XIV con la infanta María Teresa sellaba el pacto, y ésta renunciaba a los derechos a la corona española a cambio de una dote que nunca se entregó.    ,
     
 
La época de Luis XIV.
 
En 1661 Luis XIV toma directamente las riendas del gobierno; la gloria será su máxima preocupación y la guerra el camino para aumentarla; el engrandecimiento del territorio francés será la manifestación de esa gloria. Su política exterior radicará en una sucesión de guerras, y la interior servirá de apoyo a ese imperialismo. Escoge a sus ministros entre la burguesía mientras que atrae a la nobleza a su fastuosa corte de Versalles. Colbert está al frente de la Hacienda y es el encargado de reunir el dinero necesario para esa actuación; siguiendo las -teorías de la época tiende a la autarquía económica mediante la ayuda a la agricultura y en especial a las plantas industriales, la vitalización del comercio y de la industria; reglamentó el trabajo y la producción industrial para conseguir artículos de buena calidad, sobre todo en las nuevas industrias de lujo que el Estado fundó y apoyó; se interesó por los mercados de las colonias y protegió los productos franceses con altas tarifas aduaneras. La Inspección General de las Manufacturas y los comités provinciales de industriales y comerciantes vigilaban la marcha de la economía. El mayor enemigo de Colbert y su obra fueron la prodigalidad y las continuas guerras del rey. Louvois organiza un ejército permanente con soldados volunt-irios alistados por cuatro años: les impone un uniforme y una disciplina severa; hace su aparición en el armamento la bayoneta en sustitución de la lanza: invención de Vauban, ingeniero militar especializado en la fortificación de las ciudades fronterizas; la marina fue especial preocupación de Colbert.
      La consecución del Rin como frontera natural ocupa sus primeros años.
 
En el testamento de Felipe IV de España (v.) su hija María Teresa no aparece como posible sucesora al trono; en compensación, Luis XIV reclama el «derecho de devolución» de los bienes patrimoniales a los hijos del primer matrimonio, para apoderarse de gran parte de Flandes; aísla diplomáticamente a España, se lanza al ataque en mayo de 1667 y ocupa gran parte del territorio flamenco con facilidad; mas la Triple Alianza de Holanda, Inglaterra y Suecia contiene al rey francés; en la paz de Aquisgrán (mayo 1668) consigue la mayoría de las plazas. fuertes conquistadas.
 
Holanda se presenta ahora como el próximo enemigo. Después de una brillante campaña diplorpática de aislamiento (tratados con Inglaterra, Suecia y príncipes alemanes), el ejército francés invade Holanda, en mayo de 1672, y se apodera de la mayor parte de su territorio.
      La respuesta holandesa fue romper los diques e inundar las tierras bajas y entregar el poder a Guillermo de Orange (v.), que organizó la resistencia y el contraataque con el débil apoyo español. La lucha se generaliza: el Imperio y Brandeburgo declaran la guerra a Luis XIV; ahora se combatirá en el Rin, en las posesiones españolas y en el Mediterráneo. En todos los frentes los ejércitos franceses, mandados por Turena y Condé, mantienen a raya a los enemigos, pero no obtienen victorias decisivas. La unión de Inglaterra a los aliados y la situación de la economía francesa condujeron a la paz de Nimega, en 1678; el país que salió más perjudicado fue España, que tuvo que entregar a F. el Franco Condado (v.) y varias plazas fronterizas en Flandes.
 
Bajo un clima de general deseo de paz, F. seguirá su impulso expansivo; recurre ahora al concepto jurídico de «reunión» para añadir a la, corona aquellos territorios que fueron en algún tiempo «dependencias» de las plazas ya conseguidas. Así, zonas fronterizas de los Países Bajos españoles y, sobre todo, de Lorena y Alsacia serán ocupadas desde 1679, a pesar de las protestas de la Dieta alemana; la anexión de Estrasburgo coronó la obra, en septiembre de 1681. Con la pasividad de las demás naciones, Luis XIV invade los Países Bajos para hacer algunas «reuniones» y España le declara la guerra (diciembre 1683), pero al año tiene que aceptar la tregua de Ratisbona, en la que se confirman las principales «reuniones» efectuadas.
      Luis XIV está en la cumbre de su gloria. Se siente con fuerzas para atacar la situación religiosa del país; los hugonotes mantenían los privilegios del Edicto de Gracia de Richelieu, pero el rey quería unidad absoluta de religión: abjuración o destierro son las posibilidades que se ofrecen a los disidentes. -En octubre de 1685 revocó el edicto de Nantes, carta de coexistencia redactada por Enrique IV, y gran número de hugonotes prefirieron marcharse del país.
      Desde ahora los enemigos del Rey Sol se aliarán para subyugar su imperialismo. Los príncipes alemanes se unen a la Liga de Augsburgo contra las pretensiones francesas y cuando el ejército francés rompe la tregua de Ratisbona, en septiembre de 1688, y pasa al ataque, a la Liga se incorporan España, Holanda, Inglaterra, Suecia y Saboya. Era la guerra de todos contra F. y, a pesar de eso, los ejércitos franceses vencieron en las distintas fronteras, pero no obtuvieron la victoria decisiva capaz de dirimir la contienda; el agotamiento se apoderó de los contendientes. Únicamente en el mar hubo enfrentamiento decisivo: en La Hougue (junio 1692) la escuadra francesa fue destrozada. La paz de Ryswick (1697) era un declive en la hegemonía francesa a la vez que una pausa para resolver el problema de la sucesión a la corona española que estaba enrareciendo las relaciones de los países desde años atrás.
 
Carlos 11 (v.) no tenía sucesión directa y dos pretendientes se disputaban la corona: el Imperio y F. Carlos II se decidió por el segundo hijo del delfín de F., Felipe de Anjou, y a los pocos días moría (noviembre 1700).
      Sólo cuando Luis XIV proclamó intactos los derechos de su nieto a la corona francesa, lo cuaj posibilitaba a la larga la unión de ambas monarquías, los Estados europeos se opusieron claramente a este peligro: la Gran Alianza de La Haya entre Holanda, Inglaterra y el Imperio pedía la separación de ambos reinos y compensación territorial para el archiduque Carlos, el otro pretendiente. En la guerra que comenzó (v. SUCESIÓN ESPAÑOLA, GUERRA DE) meses después, F. sólo tuvo como aliada a España. En tanto los ejércitos aliados no ensamblaron sus esfuerzos, los éxitos franceses fueron alentadores, pero desde 1704 se suceden los fracasos: la derrota de Blenheim, la conquista de Gibraltar y Barcelona por los aliados, y las derrotas de Ramillies, Turín y Oudenarde obligaron a Luis XIV a pedir la paz.
 
Aceptaba todas las condiciones excepto la de ayudar a expulsar de España a su nieto. A pesar de la nueva derrota de Malplaquet (septiembre 1709), la lucha cambia de signo.
 
En la batalla de Villaviciosa, España se decide por Felipe de Anjou (v. FELIPE v DE ESPAÑA), los tories exigen la paz, mientras que el archiduque Carlos ha subido al trono de Austria. La victoria francesa en Denain, 1712, obliga a todos los contendientes a entrar en las negociaciones de paz.
 
Los tratados de Utrecht (v.; abril 1713) señalan la aparición del concepto del equilibrio europeo y el fin de la hegemonía de un país sobre los demás. F. no salió perjudicada, pues se mantenía en sus fronteras. Poco después acababa el reinado del glorioso Luis XIV, pero el balance final será negativo: la situación del país era ruinosa.

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