Siglo de Hierro
El final de un Imperio

El ocaso militar español del siglo XVII

El ocaso militar español del siglo XVII

El Ejército de Carlos II

       La leva de mesnadas del sistema feudal europeo condicionaba la potencialidad de las huestes reales a la asistencia de los nobles con las suyas. Para compensarlo, los monarcas protegieron y vigorizaron los municipios, que les proporcionaban las milicias concejiles, y al resultar éstas insuficientes surgió la idea de los E. permanentes. Su origen, en España, puede encontrarse en la batalla del Salado (1340) y sitio de Algeciras (1344), según Almirante; se citan también el Ordenamiento de la milicia, promulgado por Alfonso XI en las Cortes de Burgos de 1388, la Compañía de Cien Donceles, por él creada, y la de los Mil continos a caballo, que lo fue por Juan II de Castilla; pero sus primeros ensayos fueron realmente, como señala López Muñiz, las Compañías de ordenanza en Francia (1445) y, en España, la Santa Hermandad (v.), cuando fue reorganizada (1476) por los Reyes Católicos ante el inconveniente que presentaban las tropas de acostamiento (especie de milicias locales uniformadas, también creación suya), por disolverse al terminar cada campaña.
     
      Ciñéndonos a las tropas de tierra (para las navales, v. MARINA), la evolución del E. durante el Renacimiento se manifestó en la aparición y perfeccionamiento de las armas de fuego (v. ARTILLERÍA) y en la progresiva conquista, por parte de la infantería (v.), del papel principal en la batalla. El Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba (v.) organizó su E. con dos coronelías de infantería (12.000 hombres), un millar de jinetes pesados y ligeros y medio centenar de piezas de artillería (porque no eran muy numerosos los E. en aquella época), creando una característica escuela militar española, aunque se diesen algunas modificaciones orgánicas al sustituir las coronelías por los tercios (de 12 compañías de 250 hombres) que integraban la unidad superior, el escuadrón de infantería, de nueve a 12.000 hombres, y adoptar la caballería el arma de fuego con preferencia a la lanza, aumentándose algo, no mucho, el número de las tropas que intervinieron en las guerras de Carlos 1 de España contra Francia, protestantes de Alemania y flamencos.
     
      Más tarde, otro genio militar, Gustavo Adolfo de Suecia, partiendo de los escasos contingentes de las levas feudales y ampliándolos con voluntarios extranjeros, alcanzó efectivos de 60.000 hombres, tras organizar la infantería en regimientos de mosqueteros y piqueros, dotar a la caballería de espada y pistola, además de la carabina o arcabuz, y aligerar las piezas de artillería para que acompañasen a la infantería. En Francia, el E., perfeccionado por Turena, aunque sin ser todavía nacional, ni permanente, ni regular, falto de disciplina, uniformidad y administración, aumentó progresivamente sus efectivos hasta reunir más de 100.000 hombres en tiempos de Luis XIV. Y en Prusia, donde se le impuso una férrea disciplina y se logró la mejor organización de la época al dividir el territorio en zonas regimentales para las levas, aunque completase los efectivos con tropas mercenarias, la infantería estaba constituida por batallones de cinco compañías de fusileros y una de granaderos, regimientos de caballería pesada y ligera, y artillería de sitio, regimental y a caballo (la principal novedad), a razón de cuatro piezas por cada 1.000 hombres; pero los efectivos totales no pasaron de los 76.000 al subir al trono Federico II en 1740.

La hegemonía lograda por España en europa durante el siglo XVI estaba en parte basada en su poderío militar.

Entonces nuestros ejércitos alcanzaron la fama de invencibles, destacando la infanteria, cuyos famosos TERCIOS compuestos por doce compañias de doscientos cincuenta a trescientos hombres, llevaron a cabo extraordinarias hazañas que causaron asombro general.

El 19 de mayo de 1643 los hasta entonces invencibles TRECIOS españoles conocieron su primera derrota en la Batalla de Rocroy, que iba a traspasar la supermacía militar de la ecuela española a la francesa.

España se habia sumido en un proceso decadente desde mediados del siglo XVII; sus agobiantes necesidades militares, su atrasada organizacion interna, la enorme influencia de la Iglesia, el predominio de los favoritos sobre débiles monarcas y la influencia monetaria son algunas causas de esas caídas estrepítosas.

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