Siglo de Hierro
El final de un Imperio

El Flandes español

El Flandes español.
 
Integrado en los dominios de Carlos el Temerario (v.), F. pasó a su hija María, casada con Maximiliano de Austria; al hijo de éstos, Felipe I el Hermoso de Castilla; y, por fin, a Carlos 1 (v.), rey de España y Emperador alemán, el cual logró que el monarca francés renunciara (tratado de Madrid, 1526) a sus posibles derechos sobre F.
 
En el reparto del Imperio de Carlos, F., con los Países Bajos (v.), quedó incorporado a la corona española y se convirtió en punto clave de la política europea de Felipe 11 (v.). Tras la paz de Cateau-Cambrésis (1559; v.) comienza la lucha nacionalista por la independencia frente al dominio español, matizada con un conflicto religioso entre el protestantismo del norte y el catolicismo del sur.
 
El proceso completo abarca cinco fases:
  • el gobierno de Margarita de Parma,
  • la época de los gobernadores,
  • el gobierno de Isabel Clara Eugenia y del archiduque Alberto,
  • la tregua de los Doce Años
  • y la guerra contra Felipe IV.
      El partido nacionalista, que al principio agrupaba a protestantes como Guillermo de Orange y católicos como los Condes de Egmont y Horn, provocó los suficientes conflictos a Margarita como para que Felipe II enviara como pacificador al duque de Alba.
 
Su actuación, excesivamente dura, abre la segunda época, en la que desfilaron gobernadores de la talla de Alejandro Farnesio, D. Juan de Austria (v.) o Luis de Requeséns.
 
En 1579, por el tratado de Mons, las provincias del norte se hacían independientes, mientras las del sur quedaban bajo un Gobierno español.
 
Al morir Felipe 11, las provincias del sur recibieron el régimen de autonomía con los archiduques Alberto e Isabel. La muerte de Isabel, en 1633, abría de nuevo el periodo de guerras en las que Richelieu (v.) y Felipe IV (v.) se disputaron el territorio.
 
En 1659, por la paz de los Pirineos (V.), una parte del país (Artois) pasó a los franceses, quienes incrementaron sus dominios en sucesivas etapas:
  • tratado de Aix-la-Chapelle (1688),
  • Nimega (1678) y Ryswick (1697),
  • hasta englobar casi todo el F. histórico, donde la anexión francesa no provocó ningún entusiasmo.

      Desde 1661 a 1789, la historia de los Estados Generales de F. es la de la defensa de los últimos privilegios provinciales contra el centralismo absorbente de Francia, en torno al problema de los impuestos.

Una nueva guerra, la de Sucesión española (v.), que arrastra al conflicto a casi toda Europa, permite la invasión de F. por los holandeses; pero el tratado de Utrecht (1713; v.) fija definitivamente las fronteras del F. francés (perdiendo Tournai, Furnes e Yprés).

Una pequeña porción del F. histórico (entre el Escalda al E, el mar del Norte al O, las Provincias Unidas de Holanda al N, y una frontera irregular al S que se extiende desde el N de Dunkerque hasta Roubaix, al SE) quedaba fuera de Francia, englobada en las posesiones españolas de los Países Bajos que fueron transferidos a Austria en el tratado de Utrecht.

Posteriormente (1830), al surgir la nación belga (v. BÉLGICA Iv), esta fracción formó parte de su territorio, creando graves problemas su dualidad cultural y lingüística (V. BÉLGICA VI; FLAMENCA, LENGUA Y LITERATURA).

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