Siglo de Hierro
El final de un Imperio

Dinastía Habsburgo 1020-1922

Dinastía Habsburgo
 Es una de las más antiguas y más importantes en la historia de Europa. Su origen se remonta a la época de Otón 1 (v.) en el s. x, aunque, en realidad, hasta dos siglos más tarde se desconoce, en parte, su historia.
1. Los primeros Habsburgo. Cuando tenemos las primeras noticias, hacia el 1020, la dinastía tiene su centroen el castillo de H., de donde tomaron el nombre, situado en Argovia (Suiza). Durante el reinado de Enrique II, comienza esta familia a desempeñar un papel de cierta importancia en la historia de Alemania. En la época de Federico I Barbarroja, un H., Alberto el Rico, hijo del conde Werne, logra convertir a su familia en una casa poderosa, gracias a su amistad con los Hohenstaufen, que le valió el landgraviato de Alsacia, el condado de Zurich y los territorios que pertenecían a los monasterios de Seckingen y Murbach. Estas adquisiciones permitieron que su hijo Rodolfo el Antiguo (1199-1232) fuese uno de los aristócratas más poderosos de Suabia. A la muerte de éste, sus dos hijos se repartieron los dominios. Después de algunos conflictos entre ambos hermanos, el primogénito Alberto conservó el castillo de H., las tierras de Argovia, Zurich Sundgau, Brisgovia, y los ricos conventos de Muri, Seckingen, Bremgarten Maienberg y Brugg; el segundo, Rodolfo, recibió el resto de la herencia y es el fundador de la dinastía Laufenburg. En 1218, nació su hijo Rodolfo 1 (1218-91), primer Emperador de esta familia.
     
      2. Los Habsburgo y el Imperio alemán. Rodolfo llegó a ser Emperador como consecuencia del gran interregno que siguió a las luchas entre la Iglesia y el Imperio, y a una elección en la que fueron descartados otros dos pretendientes importantes (Alfonso X de Castilla y Ricardo de Cornualles) a instigación del papa Gregorio X. Coronado en Aquisgrán en 1273, se dispuso a pacificar Alemania, hundida en la anarquía, lo que en buena parte logró al restringir el derecho feudal a la guerra privada. Pero lo más importante de su política fue el nuevo carácter que dio al Sacro Imperio (v.) al renunciar a la monarquía universal y al dominio sobre Italia, y sus intentos por hacer hereditaria la corona imperial, cosa en la que fracasó rotundamente. A partir de entonces, los H. reinan en Austria sin interrupción hasta 1740, en que se extingue la línea masculina.
     
      Rodolfo tuvo varias hijas; una de ellas, Judith, casó con Wenceslao IV, rey de Bohemia; y otra, Clemencia, llegó a reina de Hungría. Tuvo también varios hijos varones, pero sólo uno de ellos, Alberto (1250-1308), sobrevivió y también alcanzó la corona imperial. Su carácter era muy distinto al de su padre: cruel, sin escrúpulos y nada generoso. Una vez elegido, tropezó con la viva oposición del papa Bonifacio VIII (v.); sin embargo, antes de que se produjese un conflicto abierto, logró reconciliarse con el Pontífice. Su gobierno en Alemania no es otra cosa que un cúmulo de intrigas en las que participan por igual el Emperador, los nobles, la Iglesia y el rey de Francia. De todas formas, Alberto apenas se preocupaba del Imperio, interesándole únicamente hacer hereditaria la corona y aumentar su patrimonio; para ello, logró nombrar rey de Bohemia a su hijo Rodolfo, aunque la prematura muerte de éste le hizo perder el territorio; fue asesinado poco después.
     
      La trágica muerte del Emperador interrumpió la prosperidad de la casa de H., iniciada bajo tan excelentes auspicios, y que no había de verse reanudada hasta 120 años más tarde. De los hijos de Alberto, Federico III el Hermoso (1286-1330) gobernó en Austria como duque y Leopoldo el Glorioso (1292-1326) se hizo célebre por sus hazañas en la guerra contra los suizos. Federico no dejó a su muerte hijos varones, por lo que sus Estados pasaron a manos de Alberto 1I el Sabio (1298-1358) y Otón el Justiciero. Muerto éste, en 1339, Alberto reunió toda la herencia de la casa de H. Después de los gobiernos de Rodolfo IV el Ingenioso, Federico Alberto III, Leopoldo el Bravo y Alberto IV el Paciente, llega Alberto V que, con el nombre de Alberto III el Ilustre, fue elegido Emperador de Alemania (1398-1439) y con el que la dinastía reanuda su destino. Después, con su hijo Ladislao 1 (1440-57), Emperador, duque de Austria y rey de Bohemia y Hungría, se extingue la línea directa de esta familia.
     
      3. La rama colateral de los Habsburgo. Sin embargo, la dinastía continuó de forma colateral con Federico III que, en 1440, fue coronado Emperador de Alemania por un cuerpo electoral que deseaba un soberano débil y pusilánime como era Federico. Su reinado de 50 años fue tan funesto para el poder del Emperador como para el prestigio exterior del Imperio. Los príncipes extendieron cada vez más su poder y, según dice la crónica de Spira, «durante su largo gobierno la nación casi olvidó que tenía un rey». Tuvo por hijo y sucesor a Maximiliano I (v.). Éste comenzó a gobernar bajo auspicios poco favorables. El pueblo hacía responsable a los H. del malestar que sufría y les acusaba de la decadencia de Alemania en el exterior; así, eran muchos los que soñaban con la vuelta de los Hohenstaufen. Sin embargo, el soberano, mediante una hábil política matrimonial, convirtió su dinastía en una de las más poderosas de Europa. Casando a su hijo Felipe I el Hermoso (v.) con Juana, hija de los Reyes Católicos (1496), preparó la unión de Austria y de los reinos españoles. Al mismo tiempo, el matrimonio de su nieto Fernando 1 con Ana, hija del rey Vladislao, preparó para sus herederos la posesión de Bohemia y Hungría.
     
      De la unión de Felipe I el Hermoso con Juana la Loca nació Carlos I de España (v.), primer rey de la casa de Austria (v.) en España y Emperador de Alemania. Con él, los H. alcanzaron su máximo esplendor y España se convirtió, gracias al descubrimiento y conquista de un Nuevo Mundo, en la nación más poderosa de Europa. Al abandonar Carlos la política y retirarse al monasterio de Yuste dividió sus inmensos Estados entre su hijo Felipe II (v.) y su hermano Fernando I (v.), que quedó con los dominios de los H. en Austria y con la corona imperial. Felipe II fue el monarca más importante de su tiempo al lograr añadir, a los territorios heredados, el reino de Portugal con sus inmensas posesiones coloniales. Su muerte, en 1598, significa el comienzo de la decadencia de los H. españoles. Su sucesor Felipe III (v.) dejó el poder en manos de sus favoritos, política similar que siguió Felipe IV (v.) con funestas consecuencias para España, que fue perdiendo importantes territorios en Europa. Por fin en 1700, cuando Carlos II (v.) el Hechizado, hijo del anterior, muere sin sucesión, termina con él la historia de esta familia en España.
     
      4. Los Habsburgo austriacos. En cuanto a las tierras alemanas, ya dijimos que Carlos I dejó la corona imperial a su hermano Fernando I. Con éste el Imperio aparece ya claramente como un anacronismo incompatible con la sociedad nueva basada en la independencia de las nacionalidades; por eso, Fernando se preocupó sobre todo de establecer más sólidamente su dominación en Bohemia y preparar la formación de una monarquía austriaca. Su sucesor fue Maximiliano 11 (1527-76), educado en España y Emperador de Alemania en 1564. De su matrimonio con María, hija de Carlos I de España, tuvo, entre otros hijos, a Rodolfo 11 y Matías.
     
      Rodolfo 11 (1552-1612) alcanzó también la corona imperial. De él, en medio de las turbulencias de las luchas religiosas originadas por la reforma protestante, los católicos de su reino esperaban mucho, ya que, educado en la corte de Felipe II, había aprendido a odiar la herejía. Sin embargo, en contra de lo que se esperaba,no se lanzó a una lucha decisiva contra los protestantes; cayó además en una apatía completa para los asuntos de gobierno y terminó por padecer crisis de locura. Su política religiosa fue oscilante, pasando de la más dura represión a la más absoluta inoperancia. A su muerte, en 1612, recogió la corona imperial su hermano Matías que manifestaba actitudes de moderación ante el problema religioso planteado al Imperio. Matías hablaba de unir a Europa en una cruzada contra los turcos y, como tenía necesidad del voto de los protestantes en la Dieta, contemporizaba con ellos; sin embargo, los príncipes no correspondían a sus convocatorias, reclutaban tropas y firmaban tratados sin contar con Matías. Nunca había estado el poder imperial tan desacreditado.
     
      5. La guerra de los Treinta Años. Cuando murió este Emperador le sucedió (1619) Fernando I I de Estiria, hijo de Carlos, duque de Carintia, cuarto hijo del emperador Fernando I. El nuevo soberano había sido educado por los jesuitas, que le infundieron la idea del papel sagrado de la monarquía y le enseñaron a considerar a protestantes y rebeldes como una misma cosa. Por eso, cuando heredó la corona imperial, quiso hacer de sus diversos Estados patrimoniales (Austria, Estiria, Carintia, Carniola, Tirol, Hungría y Bohemia), poblados por gente de razas, religión y costumbres muy diversas, un solo Estado unitario de religión católica. El resultado de su intransigencia fue el estallido de la guerra de los Treinta Años (v.), cuando los bohemios se negaron a reconocerle como monarca y designaron para sustituirle al elector palatino Federico, de religión calvinista.
     
      En 1637 moría Fernando 11, sin que por eso la guerra terminase, sucediéndole su hijo Fernando III. Por fin, con la paz de Westfalia (v.), concluía la larga contienda. Fernando III, que casó con María Ana, hija de Felipe III de España, tuvo tres hijos: Fernando IV, muerto soltero antes que su padre (1659); Leopoldo I (v.); y Mariana (m. 1696), segunda esposa de Felipe IV de España.
     
      6. Los Habsburgo hasta la guerra de Sucesión Austriaca. El inmediato sucesor de Fernando III en el Imperio fue Leopoldo (1657-1705), que tuvo que luchar contra Luis XIV (v.) y contra los turcos, levantando el sitio de Viena y obligando al sultán a abandonar sus ataques a Hungría, Transilvania y Eslavonia. La lucha contra el rey francés se debía a dos causas: en primer lugar, los dos soberanos aspiraban a la sucesión al trono español, por estar ambos casados con infantas españolas; en segundo lugar, el rey francés ambicionaba una serie de tierras dependientes del Imperio. Esta guerra terminó por la paz de Ryswick; pero la tranquilidad no sería duradera ya que los dos monarcas se tenían aún que enfrentar en una nueva contienda de más envergadura, la de la Sucesión de España (v.), desfavorable para la dinastía H. Muerto Leopoldo, le sucedió su hijo José I, que continuó la guerra y falleció en 1711, con lo que el pretendiente a la corona española, el archiduque Carlos, segundo hijo de Leopoldo, ocupó el trono imperial con el nombre de Carlos VI.
     
      Poco antes de morir Leopoldo, en 1705, había dictado la llamada «Disposición Leopoldina», por la que, si su hijo José moría sin hijos varones, pasaría la corona a su hermano y, si éste fallecía sin hijo varón, volvería la herencia a la rama de José. Por esto, en 1711, Carlos VI se hizo cargo de la corona imperial. A lo largo de su vida, su mayor preocupación fue que la corona no saliera de su estirpe directa y, para ello, promulgó la Pragmática Sanción de 1713 por la cual vinculaba el trono a su hija María Teresa. Hizo que sus sobrinas, las hijas de José, juraran la Pragmática ,,, después, que los principales Estados europeos garantizasen este documento de política interior. Sus dos sobrinas casaron con Augusto III de Sajonia y con Carlos Alberto de Baviera, a los que también hizo jurar la Pragmática. Cuando Carlos VI murió, se extinguió la línea masculina de los H., subiendo al trono su hija María Teresa (v.) en 1714. Sin embargo, a pesar de los pactos firmados, los enemigos de Austria no reconocieron la Pragmática y atacaron a la nueva soberana, comenzando así la guerra de Sucesión austriaca (v.), a la que siguió una nueva contienda, la guerra de los Siete Años (v.).
     
      7. De María Teresa a las guerras con la Francia revolucionaria. María Teresa casó con Francisco Esteban, duque de Lorena; los hijos de este matrimonio, como los demás descendientes, adoptaron el nombre de H.Lorena. El matrimonio tuvo 12 hijos, entre ellos José II (1741-90); Fernando, duque de Brisgovia (1754-1806) y jefe de la rama de Austria-Este; María Antonieta (v.), la desgraciada esposa de Luis XVI; y Leopoldo II (1747-92).
     
      El sucesor de María Teresa en el trono fue José II, admirador de Federico 11, a quien intentó imitar en la sencillez de su vida palatina, reduciendo todo el lujo de la corte de su madre. Inspirado en los principios del despotismo ilustrado (v.), emprendió una serie de reformas sociales, políticas y religiosas, tales como la supresión del régimen feudal en Austria, la abolición de la servidumbre y la promulgación del Edicto de Tolerancia, que equiparaba a todos los habitantes de Austria, sea cual fuere su credo y que era, en consecuencia, la renuncia a la política que, desde Carlos V, había seguido la dinastía H. Igualmente intervino en la vida eclesiástica (v. /OSEFINISMO), poniendo a la Iglesia austriaca bajo el directo mando del Emperador y sujeta al Papa sólo en cuestiones de dogma. Como muchos de sus antepasados, intentó también la centralización de sus Estados, imponiendo el alemán como idioma oficial a húngaros, italianos y servio-croatas, y dividiendo todo el territorio en «gobiernos» y «círculos».
     
      Muerto José, le sucedió su hermano Leopoldo II. Este rey se distingue por sus actuaciones contra la Revolución francesa, por considerar los sucesos de Francia como peligrosos para la estabilidad de las monarquías europeas y, además, por la situación en que se encontraba su hermana María Antonieta; las ambiciones territoriales de la República francesa en tierra alemana le movieron también a la guerra.
     
      8. Desde las guerras con Francia a la primera conflagración mundial. Le sucedió su hijo Francisco 11 (1792), cuyo gobierno iba a estar lleno de desgracias. Se alió con Prusia e invadió Francia; pero fue derrotado completamente en las batallas de Valmy y Jemappes. Después del tratado de Basilea de 1795, quedaron frente a frente Austria y Francia. La entrada en escena del general Bonaparte obligó a los austriacos a firmar la paz de Campo-Formio (1797), por la cual Francisco II renunciaba a Bélgica y a Milán, a cambio de Venecia. Al año siguiente, Austria entraba en la segunda coalición contra Francia. El resultado fue desastroso para Austria; las victorias de Napoleón permitieron a éste organizar a su gusto la política alemana y obligar a Francisco II a renunciar al título de Emperador de Alemania y a cambiar su nombre por el de Francisco 1, Emperador de Austria. Esto suponía el reconocimiento del fin del Sacro Imperio Romano Germánico, creado por los Otones.
     
      Después del hundimiento de Napoleón, Francisco II permitió a su canciller Metternich (v.) dirigir la políticaaustriaca y convertir al país en el símbolo de la reacción antirrevolucionaria a través de su intervención en el congreso de Viena (v.), en la Santa Alianza y en la represión policiaca impuesta a la nación. A Francisco le sucedió Fernando I, el cual, en 1848, abdicó la corona en su sobrino Francisco José I (v.; 1830-1916). Hermana mayor de Fernando fue María Luisa (1791-1847), esposa de Napoleón I. Hermano a su vez de Francisco José fue Maximiliano, el desgraciado y efímero Emperador de México.
     
      Durante el reinado de Francisco José 1, Austria, que aparentemente continuaba siendo una gran potencia, se hallaba en realidad en plena decadencia y había perdido casi toda su influencia en Alemania, después de la derrota infringida por Prusia en 1866. Pero más graves que éstos fueron los conflictos interiores promovidos por las distintas minorías nacionales que aspiraban a la independencia o, al menos, a la autonomía. Esta inquietud produjo la chispa que hizo estallar la Guerra de 1914 (v. GUERRA MUNDIAL, PRIMERA). El único hijo varón de Francisco José, Rodolfo, murió extrañamente, mucho antes que su padre. Su esposa Isabel fue asesinada en 1898, y su sobrino y heredero Francisco Fernando pereció también asesinado en Sarajevo, siendo el pretexto que originó la ya mencionada guerra. Componían también la familia del Emperador su hermano Luis Víctor, teniente mariscal austriaco; sus hijas Gisela y María Valeria, casadas la primera con Leopoldo de Baviera y la segunda con el archiduque Francisco Salvador; Isabel María, su nieta, nacida en 1883 del matrimonio del archiduque Rodolfo con Estefanía, princesa de Bélgica y casada en 1902 con el príncipe Otón de Windischgrátz; y los descendientes de su hermano Carlos Luis (1833-96). Éste, de sus tres matrimonios, tuvo a Francisco Fernando (1863-1914), Otón Francisco José (1865-1906), Fernando Carlos Luis, María Anunciata, abadesa de las Damas Nobles de Hradschen en Praga, e Isabel Amelia. El mayor, Francisco Fernando, asesinado en Sarajevo, dejó tres hijos: Sofía, Maximiliano Carlos y Ernesto, los tres con el título de príndipes de Hohemberg; Otón Francisco José, hermano del anterior fue padre de Carlos, el último H. coronado de la historia de Europa.
     
      9. El fin de los Habsburgo como gobernantes. Al morir el emperador Francisco José en plena Guerra europea, le sucedió Carlos I (1916). El nuevo soberano intentó, por medio de gestiones secretas con Francia, llegar a una paz «blanca»; pero fracasó en su idea y el conflicto continuó. El desarrollo posterior de la guerra fue desastroso para Austria: Checoslovaquia, Yugoslavia y Hungría consiguieron su independencia, y la corona austriaca quedó al final de la contienda reducida a su mínima expresión. Por último, el 11 nov. 1918 los republicanos y socialistas derribaron del trono a Carlos I, desterrado a la isla Madeira en 1922. El emperador Carlos casó en 1911 con la princesa Zita de Borbón-Parma que fijó su residencia, después de la marcha de los H. de Austria, en Lequeitio (Guipúzcoa), teniendo ocho hijos: Otto Francisco José, Adelaida, Roberto, Félix, Carlos Luis, Rodolfo, Carlota y María.
     
      Una rama de los H. es la de toscana, cuyo origen está en Fernando 111 (1769-1824), segundo hijo varón del emperador Leopoldo II, a quien sucedió en el gran ducado de Toscana (1790). En tiempo del gran duque Fernando IV (1835-1908), Toscana fue anexionada al reino de Italia con lo que esta familia pierde su carácter de gobernante.

 

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