Siglo de Hierro
El final de un Imperio

Tropas de la Casa Real. Regimiento de la Guardia

 

Tropas de la Casa Real. Regimiento de la Guardia

Tropas de la Casa Real. Regimiento de la Guardia

A imitación de lo verificado en el reinado anterior, pensó la Regencia, durante la menor edad de Carlos II en crear una fuerza elegida, que así como la que con el nombre de Regimiento de Guardias del Rey, sirvió de freno en tiempo de Felipe IV a los desórdenes de los descontentos y de modelo de valor y disciplina a todo el ejército, fuese ésta otro valladar contra los ambiciosos designios de Don Juan de Austria, y un cuerpo brillante en que pudiesen tener colocación tantos jefes y oficiales de merito como habían quedado sin destino a consecuencia de la reforma llevada a cabo en la infantería en 1668.

Al efecto, en el siguiente año 1669, se dieron las órdenes convenientes para la formación de un Regimiento de Guardias de Infantería, después de haber sido examinado y aprobado por el Consejo de Guerra el proyecto de creación; y en su virtud fue organizado aquél bajo el pie de catorce compañías compuestas cada una de 150 mosqueteros, con igual número de piqueros, mandados por otros tantos oficiales, como los que había en cada tercio de infantería del ejército, y el todo del Regimiento por un Coronel, un Teniente Coronel, un Sargento Mayor y demás oficiales y sirvientes de Plana Mayor que en aquellos otros cuerpos.

A propuesta del Marqués de Buscayolo diese a este cuerpo el uniforme amarillo, consistente en casacas de paño de dicho color, guarnecidas de franjas de la Casa Real escaqueadas de blanco y encarnado, gregüescos de los mismos sin franjas, medias encarnadas, zapatos de baqueta de Moscovia de cuatro suelas y el sombrero Schombergo con pluma roja para los mosqueteros, completando el vestuario el guante de ante con manopla; un jubón de bombasi para debajo de la casaca, y la corbata de bocadillo. Por armamento según el proyecto de creación, recibieron los coseletes, picas de veintisiete palmos de largo en el asta, con borla y moharra; y los mosqueteros, mosquetes de 25 libras de calibre antiguo y marca vizcaí-na; usando estos y aquellos espada de taza y gavilanes pendiente del tahalí, sarta de tiros y frascos de carga y cebo.

Pero si grande fue la resistencia que se opuso a la creación del Regimiento de Guardia de Felipe IV, mayor y de peores consecuencias la encontraron el pensamiento y realización del que nos vamos ocupando; porque si la mayor energía del gobierno de aquel Monarca, la gran base que para la regeneración y disciplina de todo el ejército ofreció el regimiento mandado por el Conde Duque de Olivares y los relevantes servicios y excelente conducta de aquellos soldados no fueron suficientes para detener a sus adversarios en el engaño de hacerle desaparecer, como al fin lo consiguieron, nada más natural sino que el segundo cuerpo creado a imitación del primero careciendo de ciertas circunstancias ventajosas que reunía éste, se hizo que tuviese un nacimiento endeble y arrastrase una existencia difícil y llena de contrariedades y como las ideas de odio y de animadversión a cuanto oponer se pueda a la consecución de miras bastardas se filtran prodigiosamente hasta las últimas capas sociales, la inquina vertida contra el Regimiento de Guardias de Infantería de Carlos II entre el populacho de Madrid, dio lugar a repetidas colisiones entre paisanos y los Guardias, en términos de que éstos fueron destinados de cantón fijo al pueblo de Getafe.

Estas y otras parecidas causas suscitadas siempre por el inquieto y turbulento Don Juan de Austria, le sirvieron de pretexto para conseguir en cuanto se hubo apoderado de la voluntad del Rey, que el Regimiento de infantería de la Guardia saliese inmediatamente para Alicante, como lo verifico el 28 de marzo de 1677, embarcándose en dicho puerto para Sicilia reducido ya a tercio ordinario, y para que al poco tiempo se dictase su extinción y amalgamadura en los cuerpos del ejército de Italia, destruyéndolo así hasta el último vestigio de su existencia.

Extinguido el Regimiento de Guardias de infantería pensó Carlos II en formar otro cuerpo de Casa Real y al efecto decretó el 27 de diciembre de 1697 la creación de un regimiento de caballería compuesto de lo más aguerrido y aventajado de esta arma, al cual se le concedieron nombre, fuero y prerrogativas de Guardia Real, siendo organizado en veintidós compañías de treinta hombres montados cada uno, con la misma oficialidad en estos, y jefes en todo el regimiento, que en los demás de este instituto en el ejército, y reuniendo una fuerza de seiscientos sesenta jinetes de la clase de tropa.


Carlos II

Vistió este regimiento el mismo uniforme que había usado el de infantería a excepción de las prendas peculiares a la caballería; y por lo tanto llevaron los oficiales y soldados, bacinete de botas altas de cuero de vaca y pistolas en vez del sombrero schombergo, de las medias y zapatos, y de los mosquetes y picas que tuvieron los de infantería; y la circunstancia de haber sido creado tres años antes de fallecer Carlos II y de desaparecer con este cuantos compusieron su Corte, debió acaso aquel cuerpo la conservación de su coexistencia hasta el reinado siguiente que sirvió de base para la formación de la nueva guardia a caballo

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